sábado, 26 de febrero de 2011

Juana Manso 1819-1875


Escritora, periodista y pedagoga argentina  del siglo XIX,  luchó por los derechos de la mujer, la educación universal  y la eliminación de los prejuicios sociales, raciales y religiosos. Combatida o ignorada en su tiempo,  su legado,  aún vigente, nos invita a  reflexionar sobre nuestra identidad.

                                    "Una mujer pensadora es un escándalo...
                                    Y usted ha escandalizado a toda la raza."                                                                                                                                                                                                                             Domingo Faustino Sarmiento

Emancipación de la mujer




"Todos mis esfuerzos serán consagrados a la ilustración de mis compatriotas, y tenderán a un único propósito: emanciparlas de las preocupaciones torpes y añejas que les prohibían hasta hoy hacer uso de su inteligencia, enajenando su libertad y hasta su conciencia, a autoridades arbitrarias, en oposición a la naturaleza misma de las cosas, quiero, y he de probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo, o un defecto, un crimen, o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica, porque Dios no es contradictorio en sus obras, y cuando formó el alma humana, no le dio sexo."

                              
                                             

Educación 

"Educar es fortificar el cuerpo desde la más tierna edad según las leyes de la salud para que pueda resistir a las enfermedades; preparar la mente para comprender todas las relaciones con la sociedad, atraer a una manifestación activa de todas las facultades con que ha sido dotada para que obre en el conjunto armónico de la acción y adquiera conocimientos útiles; robustecer la naturaleza moral donde el sentimiento del deber reglamente nuestra conducta honorablemente tanto en la vida privada como en la pública. Para llenar cumplidamente este objetivo no basta que las maestras tengan únicamente buen corazón porque suponer eso, equivaldría a negar que la educación es una ciencia, cayendo en el antiguo oscurantismo."

"No es bastante educar la inteligencia, o mejor dicho ilustrarla, es necesario educar el alma, explotar todos los gérmenes de bien y de mal que existen en el corazón, para que por medio de una instrucción inteligente y verdaderamente moral, desenvolver los buenos y extirpar los malos."


"No necesito señalar a su penetración cuáles son los obstáculos a la difusión de la enseñanza; se quiere al país sumido en la ignorancia para dominarlo mejor."


Protección al Indio

"Acaban de marchar tropas para contener la invasión de indios… va a correr la sangre de nuevo…Será que no haya otros medios de persuasión para esos desventurados, sino el sable y el plomo? No sería posible conquistar todos esos corazones a Dios, esas inteligencias a la sociedad, y esos millares de brazos al trabajo de nuestros incultos desiertos? Si, creemos que puede hacerse, y que esta expedición armada debe ser la última que parta contra los indios. El fanatismo ha muerto, no es posible resucitarlo; el espíritu verdadero del cristianismo resplandece sobre todas la quimeras, ambiciones y combinaciones humanas, el impulso está dado y no es posible retroceder."

"La experiencia nos ha demostrado que el indio tiene inteligencia, y cuando civilizado, hemos visto desenvolverse en ellos mil sentimientos nobles y generosos, mil tendencias que muestran que su corazón solo está pervertido por la ignorancia: tendamos, pues, la mano a esos desgraciados para sacarlos de la densa noche que los envuelve. Esta patria es de ellos como nuestra. La conquista los esclavizó, los arrojó de sus lares, los despedazó, y nosotros después de la independencia no hemos hecho más que continuar la obra que comenzó la conquista. Para atraerlos a nuestra amistad no hemos tenido otros arbitrios que, o subyugarlos con el hierro mortífero, o halagarles su vanidad con zarandajas, origen de discordia entre ellos, o licores perniciosos con que hemos acabado de viciarlos. Buenos Aires empieza una nueva era; es necesario que todo elemento de progreso entre en el cuadro de su nueva marcha." 

Libertad Religiosa

"De todos los materialismos, el de la religión es el más funesto, porque el hombre rudo que cree en las indulgencias y en la virtud de los escapularios, deja crecer en su corazón la planta venenosa del rencor y de las venganzas; se cree protegido por los amuletos y no sabe que las prácticas exteriores son sólo para engañar los ojos del mundo. El ojo de Dios ve los arcanos de la conciencia y allí no hay disfraz posible. Si la devoción es aparente, si el perdón está en los labios, si la fe es interesada, si la esperanza es egoísta, a los ojos del mundo seremos virtuosos, pero el reino de los cielos no será para nosotros."

"El judío, como el católico, el cristiano como el mahometano todos son hijos de Dios, y los que perdonaren aquí en la tierra, perdonados serán en el cielo!"



Racismo

"Pobre raza negra, que los blancos han colocado a la par de los animales irracionales, despojándola hasta de los instintos que aquellos poseen…sólo lo entre ellos podían murmurar casi al oído, de sus dolores, de sus martirios, de sus afecciones!... Cuitadas caras negras, donde es tan raro ver la risa, que el llanto baña tan inútilmente porque el negro no es de carne y hueso, se le puede martirizar hasta verlo expirar, se le puede rasgar el corazón en pedazos sin recelo…mísero esclavo, de qué le sirven los nombres de esposo, de padre, de hijo, de amante, de hermano?... El negro ha nacido para vivir engrillado a los pies del blanco! ha nacido para adorarlo de rodillas como a un Dios. Para renegar de todo cuanto existe de más sagrado para él en la tierra, la libertad, la patria, la familia!!! Y a esos infelices se les trae encadenados, amontonados en buques infectos, y se les bautiza y se les hace cristianos! Y son cristianos los que cometen tal atrocidad, tal sacrilegio! Y la Iglesia ha permanecido indiferente durante tantos siglos…! Basta…"                                                                                                                                                                                                                                                                                                  Juana Manso

jueves, 24 de febrero de 2011

Muerte de Juana Manso- La Ondina del Plata

Muerte de Juana Manso - Año 1. Nº 13 del 3 de mayo de 1875

"Una ley ineludible acaba de cumplirse: la muerte nos ha arrebatado una existencia querida, una obrera del progreso. Juana Manso no existe!
La escritora fecunda, la inteligencia privilegiada, la maestra cariñosa, ha abandonando la tierra.
Pero si su cuerpo ha perecido, si ha dejado de ser para nuestros sentidos, no así su memoria, que será venerada, como la veneramos nosotros, por las generaciones que se sucedan.
La señora de Manso desde temprana edad fue un austero apóstol de la enseñanza. La patria le debe la educación de dos generaciones.
De corazón sensible y de sentimientos elevados prodigaba el bien al hermano en desgracia, practicaba la caridad y la virtud; de alma grande, profesando acrisolado amor a su patria, quiso servir de barrera al fanatismo que trata de sepultarla en la abyección del espíritu.
Llena de fe, se lanzó a predicar ora en la tribuna, ora en la prensa o el libro, la libertad de conciencia, siendo escuchada su voz con sincero respeto.
Mas, los que explotan su preponderancia en la familia y en la sociedad, temieron perderla si la señora Manso continuaba en su misión sublime, y le salieron al encuentro pero ¡ay! con la mentira infame, con la negra calumnia.
La vida antes risueña para la ilustrada mujer tornóse sombría. Sin valor bastante para enrostrar la mentira y la calumnia, lloró amargamente -y sus días fueron- un lento martirio.
Hasta su postrer suspiro arrancólo el sufrimiento.
Ha muerto como santa cristiana: con la mano sobre la Biblia, sobre ese libro inmortal tan profanado por los malos Ministros de Dios.
Ante la tumba que se abre, ante el silencio imponente del sepulcro, seamos justos, que no perturbe sino los acentos puros de la verdad.
Mujer ilustre! Tu nombre es historia.
Obrera del Progreso! El premio de tus vigilias lo recibiréis en el cielo".

miércoles, 23 de febrero de 2011

Juana Manso 1819-1875


Escritora, periodista y pedagoga argentina  del siglo XIX,  luchó por los derechos de la mujer, la educación universal  y la eliminación de los prejuicios sociales, raciales y religiosos. Combatida o ignorada en su tiempo,  su legado,  aún vigente, nos invita a  reflexionar sobre nuestra identidad.


                              "Una mujer pensadora es un escándalo...
                              Y usted ha escandalizado a toda la raza."                                                                                                                                                                                                                                         Domingo Faustino Sarmiento


Emancipación de la mujer



"Todos mis esfuerzos serán consagrados a la ilustración de mis compatriotas, y tenderán a un único propósito: emanciparlas de las preocupaciones torpes y añejas que les prohibían hasta hoy hacer uso de su inteligencia, enajenando su libertad y hasta su conciencia, a autoridades arbitrarias, en oposición a la naturaleza misma de las cosas, quiero, y he de probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo, o un defecto, un crimen, o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica, porque Dios no es contradictorio en sus obras, y cuando formó el alma humana, no le dio sexo."

                                                                                                                      



Educación 

"Educar es fortificar el cuerpo desde la más tierna edad según las leyes de la salud para que pueda resistir a las enfermedades; preparar la mente para comprender todas las relaciones con la sociedad, atraer a una manifestación activa de todas las facultades con que ha sido dotada para que obre en el conjunto armónico de la acción y adquiera conocimientos útiles; robustecer la naturaleza moral donde el sentimiento del deber reglamente nuestra conducta honorablemente tanto en la vida privada como en la pública. Para llenar cumplidamente este objetivo no basta que las maestras tengan únicamente buen corazón porque suponer eso, equivaldría a negar que la educación es una ciencia, cayendo en el antiguo oscurantismo."

"No es bastante educar la inteligencia, o mejor dicho ilustrarla, es necesario educar el alma, explotar todos los gérmenes de bien y de mal que existen en el corazón, para que por medio de una instrucción inteligente y verdaderamente moral, desenvolver los buenos y extirpar los malos."

"No necesito señalar a su penetración cuáles son los obstáculos a la difusión de la enseñanza; se quiere al país sumido en la ignorancia para dominarlo mejor."




Protección al Indio

"Acaban de marchar tropas para contener la invasión de indios… va a correr la sangre de nuevo…Será que no haya otros medios de persuasión para esos desventurados, sino el sable y el plomo? No sería posible conquistar todos esos corazones a Dios, esas inteligencias a la sociedad, y esos millares de brazos al trabajo de nuestros incultos desiertos? Si, creemos que puede hacerse, y que esta expedición armada debe ser la última que parta contra los indios. El fanatismo ha muerto, no es posible resucitarlo; el espíritu verdadero del cristianismo resplandece sobre todas la quimeras, ambiciones y combinaciones humanas, el impulso está dado y no es posible retroceder."

"La experiencia nos ha demostrado que el indio tiene inteligencia, y cuando civilizado, hemos visto desenvolverse en ellos mil sentimientos nobles y generosos, mil tendencias que muestran que su corazón solo está pervertido por la ignorancia: tendamos, pues, la mano a esos desgraciados para sacarlos de la densa noche que los envuelve. Esta patria es de ellos como nuestra. La conquista los esclavizó, los arrojó de sus lares, los despedazó, y nosotros después de la independencia no hemos hecho más que continuar la obra que comenzó la conquista. Para atraerlos a nuestra amistad no hemos tenido otros arbitrios que, o subyugarlos con el hierro mortífero, o halagarles su vanidad con zarandajas, origen de discordia entre ellos, o licores perniciosos con que hemos acabado de viciarlos. Buenos Aires empieza una nueva era; es necesario que todo elemento de progreso entre en el cuadro de su nueva marcha." 

Libertad Religiosa

"De todos los materialismos, el de la religión es el más funesto, porque el hombre rudo que cree en las indulgencias y en la virtud de los escapularios, deja crecer en su corazón la planta venenosa del rencor y de las venganzas; se cree protegido por los amuletos y no sabe que las prácticas exteriores son sólo para engañar los ojos del mundo. El ojo de Dios ve los arcanos de la conciencia y allí no hay disfraz posible. Si la devoción es aparente, si el perdón está en los labios, si la fe es interesada, si la esperanza es egoísta, a los ojos del mundo seremos virtuosos, pero el reino de los cielos no será para nosotros."

"El judío, como el católico, el cristiano como el mahometano todos son hijos de Dios, y los que perdonaren aquí en la tierra, perdonados serán en el cielo!"



Racismo

"Pobre raza negra, que los blancos han colocado a la par de los animales irracionales, despojándola hasta de los instintos que aquellos poseen…sólo lo entre ellos podían murmurar casi al oído, de sus dolores, de sus martirios, de sus afecciones!... Cuitadas caras negras, donde es tan raro ver la risa, que el llanto baña tan inútilmente porque el negro no es de carne y hueso, se le puede martirizar hasta verlo expirar, se le puede rasgar el corazón en pedazos sin recelo…mísero esclavo, de qué le sirven los nombres de esposo, de padre, de hijo, de amante, de hermano?... El negro ha nacido para vivir engrillado a los pies del blanco! ha nacido para adorarlo de rodillas como a un Dios. Para renegar de todo cuanto existe de más sagrado para él en la tierra, la libertad, la patria, la familia!!! Y a esos infelices se les trae encadenados, amontonados en buques infectos, y se les bautiza y se les hace cristianos! Y son cristianos los que cometen tal atrocidad, tal sacrilegio! Y la Iglesia ha permanecido indiferente durante tantos siglos…! Basta…"                                                                                                                 Juana Manso

Táhiri y Juana Manso


Táhiri y Juana Manso, 
heroínas por la emancipación de la mujer                       
  
“Podéis matarme tan pronto como queráis, pero
   no podréis detener la emancipación de la mujer”.
                                                                                                                   Táhiri
por María De Giorgio



La II Conferencia de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910, estableció el día 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a las mujeres caídas en la huelga de 1908. El objetivo no era elegir una fecha para celebrar la gracia, belleza o las cualidades femeninas, sino movilizar a las mujeres de todo el mundo contra la opresión y desigualdad que padecían. Dos heroicas mujeres, de distinta cultura, que ya en el siglo XIX, consagraron sus vidas a la emancipación de la mujer encarnan el sentido de la efeméride.

 Táhiri, significa La Pura, su verdadero nombre era Fátimih Baraghání. Nació en Qazvin, ciudad del norte de Irán, en 1817-1819, pertenecía a una prominente familia de teólogos islámicos. Su padre, sorprendido por el talento e inteligencia de su hija la educó con esmero, la instruyó él mismo en teología coránica y dispuso un maestro particular para que le enseñase literatura clásica y el arte de escribir. Pronto se destacó como poeta. Admirada por su erudición y elocuencia, su extremada belleza y pureza de carácter deslumbraba a todos. Se le permitió enseñar a las mujeres - mayormente analfabetas y sometidas- y participar en las discusiones teológicas, siempre oculta detrás de una cortina. Su padre hubiera deseado que no fuera mujer. 

 A los 13 años, la casaron con su primo. Del matrimonio nacieron tres hijos pero no fue feliz. Táhirih se sintió atraída por un movimiento religioso que anunciaba la venida de un Prometido. Su creciente clarividencia espiritual la llevó a estudiar y mantener correspondencia con el maestro Siyyid Kazim, místico y teólogo que vive en Karbilá. Éste, cautivado por su piedad y fervor, la llamó Qurrát’ul-Ayn: «Solaz de mis ojos». Su ortodoxa familia se opuso violentamente a esta relación, muchas tradiciones coránicas eran cuestionadas y lo consideraban un anatema.

Táhiri, lejos de amilanarse desea viajar para conocer a su maestro y logra obtener permiso para ir en peregrinación a Karbilá y Najaf, en Irak. Se separa de su esposo, quien luego se convierte en acérrimo enemigo.

Cuando arriba a Karbilá, en 1843, su guía había muerto. No renuncia a su búsqueda espiritual, la profundiza, se aloja en la casa de Siyyid Kazim, estudia sus escritos y se relaciona con eminentes teólogos. 

A través de un sueño reconoce la misión de Siyyid `Alí-Muhammad, un comerciante iraní de Shiraz, quien tomó el nombre de Bab, la Puerta, precursor de un movimiento espiritual que anuncia la renovación del Islam a través de la venida de una nueva Manifestación Divina que unirá a todos los pueblos en una fe común. Sin conocerla, el Bab la acepta entre los primeros dieciocho discípulos, llamados "Letras del Viviente".

A partir de ese momento se consagra a proclamar las enseñanzas del Bienamado Maestro. Mediante elocuentes alegatos, denuncias, disertaciones, poemas y traducciones, comentarios y correspondencia, concita la lealtad de árabes y persas hacia la nueva Revelación. En una Conferencia en Badasht, irrumpe engalanada, pero sin velo, ante la concurrencia de sus compañeros, anunciando la inauguración de una nueva Dispensación que abrogaba las leyes del pasado. El acto fue tan impactante para la audiencia que un hombre se puso de pie y se cortó la garganta al ver su rostro descubierto. Es en dicha conferencia donde recibe el título de Táhirih, que significa la Pura.

 Los bábís sufrieron terribles persecuciones en manos del clero musulmán y el gobierno de Persia. Táhirih, fue apedreada en las calles, anatematizada, desterrada de un pueblo a otro, rechazada y amenazada de muerte. Hasta su propio esposo trató de envenenarla. Su Majestad Imperial, Muhammad Sháh, intentó persuadirla para que se retractase de su fe y hacerla su protegida, ella le respondió con las palabras del Qu´rán: “Yo no adoro a quien tú adoras y tú no adoras a quien yo adoro… Por tanto, permite que adore yo a quien yo quiera y adora tú a quien tú quieras”.

 Finalmente llegó a termino su trágica vida. Fue conducida a un jardín y allí estrangulada. Antes de partir, se bañó cuidadosamente con agua de rosas, vistió su mejor ropa blanca, como si fuese a una fiesta nupcial. Un blanco pañuelo de seda, que ella había reservado para la ocasión, fue el instrumento de muerte. Su cuerpo fue enterrado en un pozo, que fue colmado de tierra y piedras, tal como ella misma había deseado. Tenía 35 años. Antes de morir dijo: “Podéis matarme tan pronto como queráis, pero no podréis detener la emancipación de la mujer”.

 Dijo el orientalista Edward G. Browne, de la Universidad de Cambridge, “La aparición de una mujer como Táhiri en cualquier país y en cualquier época, es un fenómeno desusado, pero en un país como Irán, es un prodigio…aún más, casi un milagro. Tanto por su maravillosa belleza, sus excepcionales dotes intelectuales, su ferviente elocuencia, su intrépida devoción y su glorioso martirio, ella se destaca incomparable e inmortal entre sus conciudadanas. Si la religión del Báb no tuviese otro título de grandeza, habría bastado éste, que produjo una heroína como Qurratu´l-Ayn (Táhiri)”.

 

Miremos ahora hacia occidente, la lejana Sudamérica. Si bien la vida de Juana Manso no tuvo la dimensión trágica y significación espiritual de Tahiri, nos parece interesante recordarlas juntas en este 8 de marzo.

 Juana Manso, nació en Buenos Aires, en 1819, también su padre, un ingeniero andaluz que abrazó los ideales de la Revolución de Mayo, la educó con esmero. Pocas mujeres recibían educación en la época y era ésta muy elemental. Juana amaba la lectura, aprendía idiomas por su propia cuenta, escribía poemas y estudiaba música. A los trece años traduce del francés dos novelas que su padre publica en Buenos Aires y Montevideo.

Por su afinidad a las ideas unitarias, durante el gobierno de Rosas, su familia debe exiliarse a Montevideo y le son confiscados todos sus bienes.

En Montevideo, Juana abre una escuela para niñas en su propia casa y pone en práctica nuevas formas de enseñar. Comparte los ideales de Mayo y participa de las polémicas estéticas de los exiliados. Escribe y publica poemas.

        La familia debe exiliarse a Río de Janeiro. También allí abre una escuela y da clases particulares de idiomas. Nuevamente regresan a Montevideo y la nombran Directora de una Escuela para niñas, se relaciona con los emigrados italianos que luchan por la liberación y unificación de Italia y les dedica un extenso poema.

          Nuevamente se trasladan a Río de Janeiro. Conoce y se casa a los tres meses con un violinista y compositor portugués, Francisco de Sá Noronha. Realizan giras por Brasil y luego viajan a Estados Unidos y Cuba. Tienen dos hijas. Juana escribe artículos, novelas, poemas, piezas dramáticas y letras para las partituras de su esposo. Crea el periódico semanal para mujeres: el Jornal das Senhoras, escribe artículos sobre la educación y la emancipación de la mujer. Su esposo la abandona, teniendo que hacerse cargo de mantener sola a su familia.

En 1853, cae Juana Manuel de Rosas y decide regresar a Buenos Aires. Escribe artículos y edita un periódico semanal para mujeres: El Álbum de Señoritas, publica artículos sobre la emancipación de la mujer, la educación popular, la libertad religiosa, la protección del indio y la eliminación del racismo. También incluye como folletín, su novela antiesclavista La Familia del Comendador. La polémica que generan sus artículos y la escasa acogida que reciben la obligan a retornar a Brasil.

Allí se incorpora a la vida teatral de Río como actriz: representa diversos y numerosos roles en distintas compañías de teatro, escribe y dirige sus obras teatrales. Se reconcilia con su esposo, realizan giras. No logran mejorar su situación económica, escribe Las Consolaciones para aliviar su dolor. Los conflictos se suman, la relación se deteriora y finalmente se separan.

En 1859, con ayuda económica logra regresar definitivamente a Bs.As. Conoce a Sarmiento y se convierte en su discípula y colaboradora, la nombra Directora de la Primera Escuela Mixta. Entre 1867 y 1868, participa activamente en la vida política nacional, colaborando de la campaña electoral que hizo alcanzar a Sarmiento, entonces en Estados Unidos, la presidencia de la República.  Es la primera mujer en tener un cargo público, la primera en realizar conferencias públicas, es autora del primer manual de historia nacional para uso en las escuelas argentinas. Dirige desde 1865 hasta su muerte, la Revista Anales de la Educación Común, donde traduce y publica importantes obras de educación, desarrolla sus ideas de renovación pedagógica, educación popular, gratuita, metódica, mixta, científica y abierta a todas las clases sociales.

 Juana Manso, tuvo que luchar incansablemente para llevar a cabo su labor. Librepensadora y autodidacta, generaba disputas, polémicas y rechazo. No era sumisa, no bajaba la voz, no callaba, ¿era una mujer?... una mujer pensante, su mejor adorno. La ridiculizaban, la combatían, apedreaban sus conferencias, le tiraban asafétidas. 

 Enferma de hidropesía, muere en la pobreza a los 55 años. Se le había advertido que si no aceptaba recibir los últimos sacramentos de manos de un sacerdote católico no sería recibida en ninguno de los dos cementerios, ella se había convertido al protestantismo, no declinó de su fe. Después de dos días la enterraron en el cementerio británico. El pastor W D Junor propuso el siguiente epitafio: “Aquí yace una argentina que en medio de la noche de indeferentismo que envolvía a su patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros, antes que dejar profanar el santuario de su conciencia por los impostores de sotana”.

 Nacidas en la misma época, ambas mujeres recibieron educación esmerada por parte paterna, se destacaron tempranamente por su inteligencia, sensibilidad y perseverancia en el estudio. Asiduas lectoras, escribían poemas y se preocuparon tempranamente por la igualdad, la educación y el rol de la mujer.

 Esposas y madres no se rindieron por defender su libertad de pensamiento y acción. Vivieron por una causa, perdieron comodidades, reconocimiento y padecieron lo necesario por cumplir su misión. Intrépidas, de ideas revolucionarias para la época, se regocijaban en romper el statu quo. Creían en una sociedad en continuo progreso, donde las barreras y prejuicios raciales, religiosos y sociales iban a ser derribados por la educación universal: material y espiritual. 

 Creían en leyes eternas y un Plan Divino, compartían un profundo anhelo religioso y la necesidad de la renovación y purificación del mensaje espiritual. Para Tahiri, a través de un Joven persa del linaje del profeta Muhammad que estaba destinado a convertirse en el Qa’im, el prometido del Islam. Para Juana Manso, el mensaje de Cristo sin dogmas o hipocresías de instituciones religiosas.

Dos mujeres del siglo XIX, dos intelectuales inquietas y audaces, que dejaron un valioso legado, que lucharon por despertar a la mujer de su largo letargo de sumisión e ignorancia, con una entrega y amor por la verdad y la justicia incomparable: Táhiri la mística poeta; Juana Manso, la educadora, enlazan en un mismo ideal oriente y occidente.

 

Poema de Juana Manso

 Melodía bíblica

 Y no apartes tu rostro de tu siervo por que

estoy atribulado. Oyeme

prontamente.

          David Salmo LXVIII

Vengo de hablar a Dios en ese idioma,

Que espontáneo revela el sufrimiento

Cuando el llanto á los ojos nos asoma

Es porque hay en el alma algún tormento.

 

He pedido al Señor en mi oración

Un poco de paciencia solamente

Valor para sufrir resignación

Paz á mi corazón – Calma a mi mente

 

Nada más le pedí, que a nada más aspiro

Nada busco mi Dios sino tu gracia

Pues me das hasta el aire que respiro.

Tórnase superior á mi desgracia


Y ya que en esta vida transitoria

Hay solo deslealtad é ingratitud

Y es sueño la amistad, vapor la gloria

Estéril la bondad y la virtud


Concédeme Señor el bien que anhelo

Para vivir serena, indiferente

Y fijando mis ojos en el cielo

Pasar invulnerable entre la gente

 

Poema de Táhiri

 Si sólo una vez

 Y si sólo una vez mis ojos

Contemplasen, al amanecer o al ocaso,

Tu rostro todo acongojado

Y acosado por el temor,

Mis lágrimas con gusto mostrarían


Un amor que ni hombres ni ángeles conocen.

 Y de la soledad de mi corazón,

Cuando a Ti y a mí la eternidad nos separe,

Mi llanto como sangre correría.

 

O como oscuro torrente que se hunde en mi alma,

O cristalino manantial que borbotea

De una cueva en la montaña,

O río que se precipita a su meta,

El silencioso océano, a cuyas olas todo río corre,

Las aguas de mi vida fluirían.

 

Y yo, ansiando contemplar Tu faz,

Sobre las brisas muníficas vendría,

Hálito de espíritu que me lleva presto

A buscarte en cada hogar,

En cada puerta, en cada cuarto,

En calle estrecha y en mercado.

 

Ansío degustar con lengua almibarada,

El almizcle y ámbar de Tu boca perfumada,

Besar la fragancia de Tus labios aromados

Que, como capullo de rosas que se abre,

Mirra e incienso distribuyen,

Para sepultar invierno y verano despertar,

Trayendo cálidos céfiros del suave sur.

 

Tus ojos como halcones reales cayeron,

Sobre el gorrión de mi trémulo corazón,

Y el infierno y el paraíso desgajados fueron,

Mientras tierra y cielo en mi alma batallaron.

 

¿Quién esa repentina, infinita caída evitaría?

¿Qué alas el arte de volar recordar podrían?

¿Qué ojo, en ese instante, el día de la noche,

Distinguir podrían?

¿O relatar pudiera, como la tierra y el firmamento,

El cielo y el infierno,

Al yo caer, se unían

Como la vida y la muerte, en un solo hálito,

En las entrañas moran?

 

Ven. Téjeme suavemente en Tu telar dorado,

Con suaves, suaves rayos de luz alborada.

Hilos de oro y plata trae,

Y rayos de luna tejidos con el manto de la noche,

Para ligar las desgarradas y rotas hebras

Que mi corazón, otrora, con dedos sangrantes tejió

Sobre el bastidor del sufrimiento,

Entre la urdimbre y la trama del amor.

 

Aún con dorada y bella verba

Escrita sobre las páginas de mi corazón,

Loe Tus almibarados labios y fragante pelo,

No obstante, mi arte todo, jamás desgarrar podría

Los enceguecedores velos de la prolación.

 

Aún cuando con maravilloso canto entone

Alabanzas de ese amante Amigo,

Éstas páginas verso alguno mío llevan

Y ver podrás. Si sólo lo miraís,

Nada que no sea huella de

Su evanescente Pluma.



Gorriti, Manso

Gorriti, Manso: De las Veladas literarias a “Las conferencias de maestra”

por Liliana Zuccotti

El 26 de abril de 1875 se produce un encuentro efímero, quizá significativo. Dos nombres se cruzan en el Cementerio de disidentes: Juana Manuela Gorriti acude al entierro de Juana Manso. Casi dos días ha permanecido el cadáver insepulto. Se le niega un lugar en los cementerios de Chacarita y Recoleta. Como último gesto, la Manso, Doña Juanita, Juana la loca se ha negado a recibir los últimos sacramentos de manos de un sacerdote católico. Convertida hacía ya varios años al anglicanismo, rechaza la advertencia que le hace horas antes de morir una comitiva enviada para “convertirla”.
Recién en 1915, cuando la escuela pública se imponga como el instrumento adecuado para nacionalizar a las masas inmigrantes, los restos de Juana Manso son trasladados al panteón de maestras de la Chacarita. Desde entonces, su nombre bautizará algunas escuelas y aparecerá episódicamente registrado en las historias de la educación argentina.
Juana Manuela roza casi el fin de siglo. Muere en 1892. Inmediatamente, el gobierno dicta un decreto por el cual se hace cargo del funeral de Gorriti con una suma de 2000 pesos entonces, (la escritora percibía 200 pesos mensuales de pensión). La muerte se convierte en un importante acontecimiento social. No falta nadie. Más de una veintena de artículos dan testimonio de su agonía y de su entierro. Y otras tantas biografías aparecen en los meses subsiguientes para recordar su vida. Con ella, quizá, muere una de las últimas testigos de las guerras de la independencia.
Dos vidas. Gorriti y Manso se habían casado jóvenes. La primera con un general que llega a ser presidente de Bolivia, la segunda con un violinista portugués. Ambas se separan de sus maridos. Gorriti abandona a Belzú, Noronha abandona a Manso en el Brasil. Gorriti tiene dos hijas y algunos hijos naturales, Manso tiene dos hijas.
Sin embargo en estas biografías no se encontrarán las claves del apoteótico entierro de Gorriti o del definitivo rechazo a Manso. Habrá que buscarlas en sus escritos, en sus estrategias de vida, en las formas que eligen para ubicarse en el siglo en que les toca vivir.
Hay quizá dos lugares privilegiados para entender el modo en que estas dos mujeres se sitúan frente a lo público. Gorriti organiza sus Veladas Literarias, de las que nos queda como testimonio, un libro que reproduce una suerte de crónica de lo que allí sucedía, una recopilación de los textos, canciones, juegos que se producen en el salón. Juana Manso organiza conferencias; es quizá la primer conferencista de nuestro país.
Se inauguran las Veladas Literarias. Gorriti disimula su gesto y se disculpa: “Héme visto en este compromiso por la habladuría de los cronistas [...]. Todo esto es pura invención de ellos; porque nada había dicho yo y no tengo sino una salita contigua al salón de clases [...]. Pero ello habrá de ser, pues no estaría bien desmentir á esos señores, que son todos amigos...” (LI, 33).
Abelardo M. Gamarra la recuerda en su prólogo a Lo íntimo como aquella escritora que sabía ponerse el delantal y lucir en todos los ramos de la más exquisita cocina. Gorriti, anfitriona, hace alarde de sociabilidad, de tacto, de atractivo. Gamarra recuerda cómo reía de las prevenciones de un amigo mientras le replicaba: “Quiero ver que se peleen en mi presencia: los literatos son la gente más domesticable de la tierra; no sea usted malo,- agregaba en tono de burla” (LI, VIII)
Lo placentero, lo amable, lo ameno. Las veladas se rigen por todos los códigos de la cortesía y de los buenos modales. No hay allí lugar para la polémica, ni para la injuria. “Cuando ocupaba la conversadora el centro ó se sentaba á la oriental en alguno de los ricos almohadones, pidiendo la palabra, hombres y mujeres se agrupaban en torno suyo á reir y á elogiar, á prendarse de su talento y á olvidarse de los pesares de la vida” (LI, XI).
La salita de clase de Gorriti se transforma así en un salón. El arte y la inteligencia son los ejes de la convocatoria. A medias entre lo doméstico y lo privado, estas reuniones íntimas son presenciadas y relatadas en los periódicos de la época. Lo doméstico es llevado a la crónica y recortado como el ejemplo de la “buena sociedad”.
Esta escritora, “en viaje”, hace de sus libros un fogón al que concurren irremediablemente todos los relatos, todas las anécdotas, todos los secretos. Si el viaje es la figura en la que se genera la ficción, la ficción toma siempre la forma de lo que se le cuenta a ella. Sus textos coleccionan lo que deja el camino, reúnen lo que se encuentra disperso, recuperan lo que la modernización deja en el olvido.
Cuando el viaje se interrumpe, Gorriti funda un espacio en el que ella es centro y anfitriona. La escritora sin casa, la viajera, la extranjera, la proscripta aglutina a “la buena sociedad”, a los literatos y artistas de Buenos Aires, La Paz o Lima y los convierte de algún modo en voceros de su figura y de su vida.
Desde el salón y desde la literatura, Juana Manuela impone la imagen que de sí misma circula entre los biógrafos: la pobre mujer desterrada, la viajera inexorable, la mujer sufrida. Es ella quien forja el modo en que su historia personal debe ser leída e interpretada. Si se quiere, ella codifica su vida en una imagen que tendrá que ser interpretada a partir de los datos que ella misma quiera proporcionar en los relatos. Mientras cuenta, se cuenta en episodios marginales, introductorios. Mientras hace de su casa un lugar de exhibición, se exhibe. Es su propia biografía la que sostiene y estructura la ficción. Es el mostrarse en los salones lo que conjura las habladurías y hace inocuo el ocultamiento.
Pero esa imagen creada, reproducida, multiplicada juega a su vez con el diario, que está señalando otra dirección. En Lo íntimo, se organiza una suerte de pedagogía de la cual su hijo es el interlocutor inmediato, pero también sus amigas escritoras lo son. Esa pedagogía asume como válida una retórica “de la mentira”. Mentir es el título esencial bajo el cual aparecen todos los recursos del arte de la cortesía y la amabilidad. Lo extraño, lo escandaloso,no perturba estos ámbitos, porque se oculta a la mirada del salón, y del teatro. “...amabilidad, generosidad, halago, todo esto debemos dar a la gente a manos llenas y de pleno corazón; pero confianza, ni una gota” (LI, 53).
En Lo íntimo, la figura de Gorriti se inscribe como ejemplo; mientras la alegre charla en círculo se denuncia como aquello que oculta los dolores físicos y morales. Representar correctamente la comedia de la vida es quizá la primera creación de Juana Manuela; de ella alardea un poco en su diario, tal vez porque es lo más valioso que puede legar a ese hijo Julio: unas pocas claves. Es difícil entender su sentido; consejos últimos, saberes que se heredan, legitimación de un hijo natural en el texto póstumo, una inocente burla a aquella gente que creyó conocer a una persona y no a un personaje. Enfrentada a la situación de la mujer como dilema público, Gorriti escamotea la polémica. A los editores del periódico Los derechos de la mujer, les concederá que la educación es importante, pero no es allí donde ella va a buscar la
redención. Más bien hay una certeza en la que se fortalece: “Bah! todos saben bien que desde el fondo de su alcoba, lactando a su hijo y arreglando el banquete para su esposo, ordena la confección de las leyes y la caída de los imperios” ( LI, 67 y 68).
Como los literatos, los hombres son domesticables, parecería proponer Gorriti. El bastidor de la vida pública finalmente es la casa y desde allí la mujer se convierte en dueña y señora. “Buena mesa y buena cama” es la fórmula sencilla del dominio que aprende de Branthomme y parece predicar para las esposas, madres, amigas.
Pero para salir de los bastidores, y colarse en la vida pública, la fórmula es otra. Se trata de un difícil equilibrio que enlaza la mentira a la cortesía. Los buenos modales, la “urbanidad” son mucho más entonces que un índice de clase o de femineidad: se constituyen en un manual de supervivencia indispensable. Todo puede hacerse, sería la síntesis. La estrategia es, sobre todo, una ciencia femenina. Frente a sus colegas contemporáneas ella asume el rol de consejera.
“He escrito a Mercedes Cabello que siga mandando sus correspondencias a los periodistas europeos. Aconséjola no herir suceptibilidades; lisongear, mentir en este sentido; derramar miel en todas partes: ni una gota de hiel, que se torna para quien la vierte en veneno mortal […]. Un hombre puede decir cuanto le dicte la justicia […]. No así una mujer, á quien se puede herir de muerte con una palabra, ...aunque ésta sea mentira” (LI, 103).
Gorriti percibe claramente que la aceptación social se juega más en un lenguaje que en un código moral. Y parecería intuir que el lenguaje no necesariamente tiene que hacerse cargo de las acciones. Entre lo que se hace y lo que se dice hay una suerte de abismo que debe ser objeto de un pacto. Un pacto de silencio, un pacto de clase, un pacto si se quiere, “de caballeros”. Al gesto cortés y amable de Gorriti le paga el gesto que silencia definitivamente la existencia de sus hijos naturales, las infidelidades, el escándalo. Suscribir el pacto se vuelve imperativo para una mujer, ya que ella no puede decir “cuanto le dicte la justicia” sin caer herida de muerte. Porque cuando la mujer se vuelve objeto de la maledicencia, es sabido, siempre ha pecado.
El romanticismo es, entonces, mucho más que una elección estética. Es una decisión vital. A mediados del siglo XIX la estética romántica permite a la escritora una continuidad entre el lenguaje de la velada literaria (del salón), y la escritura de las ficciones. La crítica a la novela naturalista de Mercedes Cabello no se sitúa como la polémica entre dos escritoras, sino como la discusión de dos estrategas: “No me canso de predicarle que el mal no debe pintarse con lodo sino con nieblas [...]. Además, se crea enemigos, si incómodos para un hombre, mortales para una mujer”(LI, 104- 105).
No se trata de callar, sino del arte del decir cortés. No se trata de dejar de escribir, sino de buscar el cómo. El naturalismo, (estaría diciéndole Gorriti a Mercedes Cabello) es cosa de hombres.

El tesoro de las niñas

El tesoro de las niñas es, según reza la tapa, “una obra compuesta expresamente para la educación de las niñas”. Este manual, editado en Buenos Aires en 1869, viene legitimado por una enumeración considerable de instituciones que lo aprueban como texto de lectura. Si algo se puede verificar en él, es el profundo temor que la palabra de las mujeres despierta en sus autores (Bernardo Suárez y el responsable de la edición, García Aguilera).

El tesoro encierra una serie de mandatos morales y sociales. La ley es impartida por la mirada masculina que aprueba o condena. La admonición reiterada hasta el hartazgo explicita: “es bien desagradable para la jeneralidad de los hombres...”. Los items que trata el manual no son tan variados sin embargo; pueden resumirse en dos grandes temas: el decir y el saber. Todo decir, todo saber es puesto bajo sospecha. El chisme, la indiscreción, la curiosidad son para el texto los que ponen en riesgo la supervivencia misma de la familia. Esta pedagogía se mueve entre dos límites: en un extremo, la fábula con moraleja, los versos con rima fácil destinados a ser aprendidos de memoria. En el otro extremo, el terror: una niña provoca el fusilamiento de su padre con un indiscreto comentario. El terror y la memorización, podría decirse, como métodos pedagógicos de nuestras escuelas del siglo XIX.
Algunos ejemplos de esta colección podrán mostrarnos hasta qué punto la palabra femenina es puesta en observación: “Jamás imprudente labio / consigue honor por hablar / saber oir y callar / es el camino del sabio”. “La curiosidad es la falta / que en la mujer más resalta”. Para terminar, uno quizá menos logrado, aunque contundente: “Un profundo silencio siempre ha sido / de las mujeres el más bello adorno”.
Educar a la mujer es, para estos autores, organizar su saber y su palabra. “Que no forje historias por entretenidas o inocentes que sean” se apresuran; que no mienta, que no diga chismes, que no sea indiscreta, van agregando. Toda posible palabra de la mujer es un desvío. Pero también el silencio tiene sus peligros. Por las dudas, aclaran,“que no sea misteriosa”.
Lo que la fábula de la niña que “fusila a su padre”, estaría ilustrando es que todo saber, toda palabra femenina es un riesgo potencial, ya que el interlocutor no deseado, en el momento inoportuno, puede aprehender a través de ella un secreto de familia. La mujer parecería no poder juzgar a quién y cuándo decir; es esto lo que provoca el temor de los autores. Además, la mujer debe permanecer transparente a la mirada de los hombres. El silencio, si provoca el misterio, si hace opaca a la dama frente a la mirada del caballero, entraña también un peligro: que esté aliada a “un ajeno” y el silencio sea entonces una traición.
Las metáforas son innecesarias. El tesoro... lo explicita: “dicha una vez una palabra, querer recojerla es lo mismo que pretender recobrar en medio de su carrera una bala que ha salido de un fusil”. Si la mujer es un arma peligrosa, su palabra es, una munición irreversible.
Gorriti, en Lo íntimo se exhibe como la alumna traviesa de El tesoro de las niñas. Pero algo ha aprendido: a desarrollar una política de la palabra, instalándose en el difícil hueco que deja el manual, el resquicio entre el saber y el callar: decir a medias, ser discreta, fingir.
De algún modo, en el otro extremo, como la pésima alumna, encontraremos a otra mujer, una maestra, Juana Manso.

Juana Manso, el único hombre.

Al escribir una sucinta biografía de Juana Manso, en su “diccionario personal” de “Los emigrados”, Sarmiento termina: “Es una de las pocas mujeres argentinas que han tomado parte de la vida pública”. Y en una carta comenta (Obras Completas, Vol. 49, 294): “La Manso, a quien apenas conocí fue el único hombre en tres o cuatro millones de habitantes en Chile y la Argentina que comprendiese mi obra de educación...”. [la bastardilla es mía]
Si la tertulia y la velada literaria se inscriben como espacios intermedios entre lo doméstico y lo público, Juana Manso inaugura con mucha dificultad un espacio decididamente ajeno a la casa: la conferencia. Su hogar, en las afueras de Buenos Aires, queda excluido del juego.
Manso relata un recuerdo emblemático en el periódico El Inválido Argentino: su padre la llevaba al Café de las Victorias y le pagaba el chocolate en vaso con tostada pequeñuela, a cambio de una declamación u oda patriótica. De algún modo es a partir de esa escena que Manso genera toda una serie que vinculará la palabra con el espectáculo público.
La conferencia, no adquiere aquí el sentido de disertación o divulgación de un saber, sino el de dos prácticas: por un lado, la serie de conferencias que da en Chivilcoy, en Quilmes, en Catedral al Norte, se vinculan a la militancia política y religiosa; por el otro, las llamadas conferencias de maestras, con un objetivo claro: la profesionalización de la enseñanza.
Las reacciones que genera son de una violencia y una irritación inéditas. En su tercer conferencia en Chivilcoy, organizada con el objeto de juntar fondos para construir una biblioteca, cuando comenzaba a leer su drama “Rosas”, apedrean la escuela a cascotazos, y al salir, le lanzan asafétida en la ropa. Antes de comenzar una conferencia sobre “La reforma religiosa en Europa”,en la escuela de Catedral al Norte, recibe una carta en la que se le suplica silencio sobre materias religiosas, amenazándola con la aparición de un sacerdote para coartarle la palabra y delatarla al Obispo por hereje. Un “populacho grosero” (cuenta en los Anales de la Educación Común, 1867 ) se apiñaba en las ventanas del salón en que estaba hablando para gritar obscenidades a las damas que acudían a las conferencias.
Las llamadas «conferencias de maestras», constituidas por clases, lecturas y ejercicios previstos para instruir a las maestras en diversas materias (desde el deletreo correcto de las palabras hasta la eliminación de los castigos en la escuela) no sufren mejor suerte.
Terminan con un petitorio elevado al Departamento de Escuelas en el que se solicita la suspensión de las conferencias acusando incluso de inmorales las clases de gimnasia que Manso quiere introducir.
La injuria, (“saca la cadera/Da. Baldomera/saca el espinazo/ Da. Juana Manso”), los apelativos, (“madama Juana”, “ña Juana”), la forma en que su nombre circula en la correspondencia privada (Juana la loca, en la correspondencia de Frias) denuncian que un límite ha sido quebrado, que una regla no ha sido acatada. Pero ¿Cuál?

No vengo en mi nombre: soy nadie


Juana Manso se apropia de un género que requiere/reviste de autoridad al que está hablando. Una autoridad que, si es ajena a la palabra femenina en el siglo XIX, mucho más lo es cuando se trata de llevar adelante (aún veladamente) una práctica política, como la campaña electoral de Sarmiento para la presidencia de la República.
Si bien en su carácter de representante intenta “desdibujarse” (“no vengo a hablaros en mi nombre, soy nadie” dice al comenzar su conferencia en Chivilcoy), es el género mismo el que excluye a la mujer, aún en su carácter de mediadora, porque ese género posee una historia, y tiene, si se quiere, una condición previa de existencia. Sarmiento lo ve claramente cuando le escribe:

Son las lecturas las que irritan. Es la primera vez que se introduce la práctica de hablar al público sobre cualquier materia.
Sólo el púlpito estuvo en posesión de esta prerrogativa. Hoy lo está el pensamiento. Aquí(se refiere a los Estados Unidos) es la libertad misma, toda la libertad; pero aquí la libertad lleva (no lo diga allá) un garrote en la mano y un revolver en el bolsillo para asomer á los que pretenden estorbar á otros el uso de la libertad propia. La libertad así armada se llama Policimen, y no hay reunión pública en que no se halle presente este guardián de las libertades del pueblo.
(Anales de la Educación Común, octubre, 1867)

Sarmiento insinúa aquí una filiación: la conferencia es el género laico que sucede al sermón religioso. Si el púlpito fue vedado durante siglos a la mujer, no es de extrañar la virulencia que provoca una maestra que pretende simultáneamente poseer un saber, capturar la atención, provocar el silencio de hombres y mujeres, sostener un fin económico (recaudar fondos) y tener una motivación política (hacerlo en nombre de Sarmiento).
La conferencia se asocia a la fuerza y al Estado, como dice Sarmiento y hace público Manso, pese a la advertencia “no lo diga allá” de la carta. La carta de Juana Manso que motiva esta respuesta lo advertía claramente:

No hay sino un modo de ir adelante, la iniciativa de la autoridad. No necesito señalar

a su penetración cuáles son los obstáculos á la difusión de la enseñanza; se quiere el país
sumido en la ignorancia para dominarlo mejor (...) son ceros para disfrazar el escándalo de
los 500 votantes en una ciudad de 200.000 almas (Anales de la Educación Común, tomo III).

El género de la conferencia, el fin que Manso se propone con ellas, el carácter político de sus opiniones están en ese momento vedados a una mujer. La palabra femenina en el siglo XIX, si por algo se caracteriza, además de por su peligrosidad, es por la falta de autoridad de que está envestida. La agresión, el desconocimiento, la desautorización, son las reacciones previsibles. Juana Manso lo tematiza permanentemente: “Yo prefiero traducir porque mis propias ideas tal vez no tengan autoridad...” (Anales de la Educación Común, 1869); “Tal vez no soy mas que la repercusión de un eco...»”(Anales de la Educación Común, tomo VII - VIII).
Esconderse, colocar su voz tras la de otro, pedir prestada autoridad, parecería ser el gesto inevitable. Sarmiento así lo explicita: “Mis cartas, que ella publica, la revisten de autoridad...” le dice en una carta a Mary Mann.

Baje usted la voz

Entre las violencias de que es objeto Juana Manso, ninguna quizá tan agraviante como la carta que se publica el 29 de agosto de 1866, firmada por Enrique M. de Santa Olalla (maestro español que ha ejercido diferentes cargos en el Departamento de Escuelas) Como muestra, el primer párrafo de esta carta pública dará una idea del tono.
A la Sra. Juana Manso, Da. Juana
Hace algún tiempo que inspiran temores entre sus amigos las muestras visibles de desorganización cerebral que tan gravemente afectan sus facultades intelectuales,y parece que ha llegado el caso
de poner algún remedio a tan triste dolencia.
Créame,Da. Juanita,sería muy sensible para las personas que la estiman el ver un día en la Residencia á la «mas preciosa joya» de la Nación Argentina -Tome señora, tome por Dios algunos calmantes….

Sin abundar por ahora en este texto, es interesante detenerse en un aspecto. Si en Lo íntimo de Juana Manuela podemos leer una pedagogía del decir, y en el libro de lecturas para niñas podemos leer un temor reiterado por todo tipo de palabra femenina, es interesante verificar cómo lo que más escandaliza a Santa Olalla en su carta, es la variedad de acciones verbales que ejerce Manso en su vida pública, o quizás, la cantidad de verbos y sustantivos que necesita él para intentar apresar la palabra de Manso. Disparatar, anatematizar, elucubrar, vapulear, considerar, calificar, declarar, denigrar, insultar, lastimar, charlar, manifestar, declamar; junto con algunos sustantivos: desatinos, charlatanería, cacareo.
La palabra de Manso se escabulle muy lejos de los verbos que propone Gorriti: ocultar, callar, elogiar, halagar. Manso hace uso de su palabra sin restricciones, y, permanentemente, se tiene la sensación de que está avanzando contra todas las reglas tácitas y explícitas del “buen decir”.
En su correspondencia con Sarmiento encontramos el reclamo público: “Con todo, si no lo ha olvidado en el cúmulo de sus atenciones, debe recordar que mía fue la idea de las Escuelas Políglotas”.
El reto público: «Pues todos estos males, los conoce el Dr. Avellaneda que tan bellas teorías ha vertido en su memoria del año pasado y que Ud. transcribe»
El consejo público: “Hay un librito cuya traducción podría Ud. sugerir, es una traducción de….”

Aunque Juana Manso señale permanentemente que el suyo es un lugar de reproducción y de mediación entre la palabra de los otros y el público que la escucha o la lee; que cita, traduce, asume, es eco, es ejecutora o lectora de la palabra de los otros, hay una retórica que no la deja a salvo. Es ella quien lee, quien pone la voz al servicio del texto, quien quiere persuadir. Y al hacerlo, desconoce abiertamente los mandatos de silencio que “el bello sexo” recibe y en mayor o menor medida acata. Manso apuesta a una retórica despojada de figuras, de circunloquios, de metáforas, de insinuaciones. En cierta forma, se sitúa en el otro extremo del decir cortés o de la mentira a la que aludía Gorriti. El modo en que ella señala su palabra es: “la verdad”. Una verdad que no la deja a salvo por ser la intérprete, la propagadora, la militante o la adicta de las ideas de los otros.
"El otro triunfo, que desafía el sufrimiento y el tiempo, es haber tenido el coraje de decir la verdad, toda la verdad. A Sócrates lo recompensaron con la cicuta, a Jesús con el calvario, a Galileo, con la hoguera, pero ellos triunfaron por todos los siglos. Soy de esa escuela"(La Tribuna, 1867).
“La verdad” descubre sin pudor las necesidades económicas, señala abiertamente a amigos y a enemigos, no disimula el fracaso de sus proyectos, se queja públicamente de la escasa repercusión que tiene su revista.
Mentir, decir la verdad son dos formas en que estas mujeres nombran una retórica. La de Gorriti, protegida en las nieblas del romanticismo; la de Manso, fascinada por la brusquedad y la fuerza de la palabra proselitista. Sin embargo, esa palabra dura, fuerte, sin ornatos, está –en boca de una mujer– condenada al fracaso.
Manso finalmente, se hace acreedora de una advertencia de su aliado, Sarmiento: “Baje V., pues la voz en sus discursos y en sus escritos a fin de que no llegue hasta aquí el sordo rumor de la displiciente turba” (Nueva York, 1867).
Juana Manso grita, su estilo grita, muy lejos del susurro, y del suspiro que, se supone, caracteriza a las mujeres. Podríamos sintetizar, si su palabra “trasgrede”, lo hace porque utiliza un género (la conferencia), asume una retórica (la de la “verdad”) y elige un tono de voz (el grito), que parecen ajenos a las damas del siglo XIX. Si la voz se “masculiniza”, la época se lo paga robándole el cuerpo, haciendo circular su figura como la de un Sarmiento dudosamente femenino, en una única fotografía que circula entre sus biógrafos. Juana Manso no logra como Gorriti tutelar su propia imagen pública. La síntesis más lograda la da quizá Sarmiento:
“Existe en Buenos Aires una institución para honrar a las mujeres. ¿Por qué no está la Manso en su seno? Porque es ocre” (Oc, Tomo 29, pág. 109).
Ocre, es decir: gorda, vieja, fea, pobre, protestante. Al decir de alguno, solamente le faltó ser mujer.

Liliana Zucotti